27 de Abril 2005

Animalitos

Bueno ya. Vuelvo a mi abandonado cuchitril sin poder dar excusas por la ausencia, ni anunciar planes sobre el futuro próximo. Ni falta que hacen.

Venía paseando por aquí, y entreteniéndome acá, cuando he acabado... perdido. Resumo: pensando últimamente en qué será aquello que diferencia a nuestro presi de una marmota, a un blogger de un buitre, y en general a los humanos de los animales, me encuentro con una bitácora, liberal por supuesto, que se dedica básicamente a defender maravillosos derechos de nuestros amigos de más abajo en la escala evolutiva.

Su autor, destelles, me abre un mundo nuevo de conceptos como ese que unos días se llama "especieísmo" y otros se queda en simple "especismo". El ismo en cuestión parece ser muy malo, análogo a otras formas de discriminación basadas en criterios irrelevantes, como el sexismo, el racismo, o cualquier otra forma de discriminación arbitraria. Vamos que aquí acaba el debate sobre lo que nos hace humanos, discriminar por detallitos como la especie a la que pertenece un ser vivo es una crueldad intolerable.

Esto no deja de parecerme una memez, pero al menos es bonita, bienintencionada, guay, lo malo es que para defender tal postura se usen argumentos contradictorios en plan animal. Dijo un tal Alfonso Chillerón:

El término "humano" no se contrapone al termino "animal", por cuanto nosotros SOMOS “ANIMALES HUMANOS”.

Y sigue la pseudo-justificación científica con eso de que compartimos cantidad de material genético con el chimpancé. Ya, y qué. Nadie discute que seamos animales, lo somos, pero no somos iguales que el resto, como las especies son distintas entre sí. La similitud genotípica es tan irrelevante como la parecida composición molecular que nos asemeja a un charco de agua, o la configuración atómica que nos puede hacer pensar que somos básicamente Carbono, y por tanto estamos muy cerca de no ser más que diamantes. Pero somos más, ni las barras de carbono, ni los botes de proteínas, ni nuestros amiguitos los chimpancés tienen blogs en los que debatir y comunicar sus opiniones sobre su propia existencia. Algo habrá.

Algo hay para que efectivamente, el Hombre, en tanto que especie humana, se crea privilegiado respecto a las demás, poseedor de unos derechos que éstas ni tienen ni pueden tener. Creo que tengo una sencilla respuesta: el ser humano es el creador de los derechos. No es que las ratas tengan o no derechos, es que sólo la especie humana tiene la facultad de inventar ese concepto, y aplicarlo a lo que le conviene, sea un semejante, un vegetal, o un pedrusco sagrado. Los tigres no tendrían "derecho" a comer, ni a defenderse, ni a seguir viviendo en la Tierra si no fuera porque existe una especie humana preocupada por ellos. Por tanto, el sentimiento de privilegio, y la discriminación de otras especies no sólo no son maldades, sino que se fundamentan en nuestra capacidad para crear conceptos que en la naturaleza simplemente no existen.

Junto al concepto de derechos de los animales se nos cuela el de nuestros deberes hacia los animales. Toma ya. Resulta que, sin que apenas nada nos diferencie, los pobrecillos no pueden cumplir (¿por qué?) con sus hipotéticos deberes, y se les perdona, claro, así que somos nosotros los que debemos cargar con ellos, hasta el punto de deber proporcionarles bienestar. Lo que empezó siendo unos derechos inventados por los humanos para otras especies, se convierte en deberes inventados por los humanos hacia otras especies. El ser humano parece ser que cuando hace algo, es malo porque estorba, y cuando no lo hace, es malo porque debería ayudar a los animalillos desfavorecidos. Menos mal que los antropocéntricos eran otros, porque creo que ya he encontrado la diferencia que detecta esta gente: la humana es la única especie que debe estar esclavizada por todas las demás:

Los animales poseen el derecho moral a que sus intereses primarios se antepongan a nuestros intereses secundarios.

Y con esto y un bizcocho, nuestros intereses nunca importarán un bledo, porque anteponiendo las ganas de vivir del pollo a mis aficiones culinarias, no puedo matar pollos; primando el interés de la vaca sobre mis gustos estéticos, fuera chupas de cuero; y así hasta llegar al nirvana de la convivencia animal, donde el interés vital de una sanguijuela se antepone a mi capricho de no alimentarla, el ser humano pide perdón por existir, y se extingue felizmente. Pues no. No, porque como decíamos al principio, somos simples animalejos, omnívoros, para más señas, y nos chifla matar cerdos y patos y elaborar suculentas exquisiteces con sus cadáveres. Y no, porque como creadores de todos esos derechos, como únicos analistas de esos intereses, somos nosotros quienes podemos decidir, sin pedir perdón a nadie, otorgar o no determinados derechos a determinadas especies. Y así, tranquilamente, dedicarnos a la cría especializada de ciertos animales con el fin exclusivo de dar de comer a la gente, celebrar la Fiesta Nacional, o investigar sobre cosméticos y, más importante, sobre enfermedades que afectan a nuestra propia supervivencia o bienestar.

PD 1: En mi próxima vida me pido ser toro bravo.
PD 2: Saludos a mi investigadora favorita y a sus ratoncillos transgénicos :-)

Escrito por Paybloy en: 3:33 AM | Comentarios (482)